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Agencia Reforma
Con pastel, tequila, regalos, aplausos y muchos apapachos, Lucía Méndez festejó la noche del viernes sus 63 años durante el concierto que ofreció en el Lunario del Auditorio Nacional, ante 500 fans.
A las 22:50 horas, la cantante salió al escenario para interpretar “Un Alma en Pena”, enfundada en un vestido largo y hampón, rosa y plateado, con el que deslumbró por su manera de lucirlo.
Su segundo tema fue “Enamorada” y en cuanto terminó la canción, su hijo Pedro Antonio subió al escenario con un pastel sorpresa. La también actriz se dijo feliz de compartir con su familia y el público.
A partir de ese momento, cada palabra lanzada por Méndez sacudió al público, quien se dejó llevar por la voz fuerte y directa de su ídola a lo largo de la velada.
“Qué rico es que te digan: ‘¡te amo!’”, soltó la guanajuatense sólo para despertar gritos pícaros entre los presentes, quienes le confesaban su amor a la más mínima provocación.
El público también se convirtió en una mala influencia, pues animó a la cantante a festejar con tequila.
En otro momento, la gente le impidió que se pusiera una bata roja, incluida en su segundo vestuario, con todo y que se le había roto la parte trasera de su pantalón.
Méndez, coreada y aplaudida, se relajó y decidió darle gusto al auditorio, que levantó sus vasos y copas para brindar con ella las dos ocasiones que aceptó un “caballito”.
“Me lo voy a echar, ya si se me olvida una canción, ni modo. ¡Dame un tequilita! Yo no tomo, pero bueno, ¿cómo no voy a tomar hoy que es mi cumpleaños?
“Ya quisiera no cumplir, pero ni modo, así es la vida. Cada momento tiene su encanto, no puedes ser eternamente joven. Festejó a ver este lugar lleno a reventar y al callar bocas”, expresó la cantante.
