Colorida tradición

Rebeca Pérez Vega

Agencia Reforma

La recreación en miniatura del nacimiento para ejemplificar la llegada del niño Jesús y la lúdica dinámica de vencer a palazos una piñata para luego recoger la dulce recompensa, son parte de la tradición navideña con orígenes en la Conquista y en el proceso de evangelización.

Para los Franciscanos fue todo un reto creativo acercar las tradiciones católicas del Viejo Mundo hacia los indígenas, pero lo lograron con diversas y coloridas representaciones, describe el experto en temas religiosos y académico de la Universidad Panamericana (UP), Manuel Ocampo Ponce.

“Los Franciscanos acudieron a diversos recursos, sobre todo visuales, para presentar los principios de la fe católica que utilizaron primero en Europa y luego en el Nuevo Mundo. Fueron elementos de evangelización a finales del siglo 15 y durante el siglo 16, que se extendieron por toda América Latina y sobre todo México”, expresa Ocampo Ponce.

Lúdicos golpes

Aunque la piñata tiene origen chino, fue llevada a Italia y luego popularizada en España, desde donde llegó a México, narra el experto en cultura popular, José Hernández.

Para el experto hay una ascendencia prehispánica en esta tradición.

“Mucho tiempo antes de la llegada de los españoles, los antiguos mexicanos, sobre todo del centro del País, celebraban el nacimiento de Huitzilopochtli, cada 25 de diciembre, con el rompimiento de ollas de barro decoradas”.

Su utilización evolucionó, pasaron de las misas de aguinaldo que se celebraban en la Nueva España a las posadas como las conocemos ahora, añade Hernández.

“Al pegarle a la piñata destruías los vicios, cada uno de los picos son los vicios o siete pecados capitales que hay que romper, hay que deshacerse de la soberbia, la gula, la pereza, la ira, lujuria, envidia y avaricia”, completa Manuel Ocampo Ponce.

La colación dentro representaba las delicias que guardaba Satanás, pero que terminaba en convertirse en el gran premio para el que vencía cada uno de los pecados.

También se hizo toda una tradición llenar las piñatas, que se debían reforzar con fuertes dosis de mandarinas, tejocotes, cacahuates y dulces típicos, hechos en su mayorÌa en los conventos, describe Hernández.

Ilustrativas escenas

En el caso de los nacimientos, la tradición se hizo muy fuerte en todo el PaÌs sobre todo desde el siglo 17. Los artesanos empezaron a recrear las pequeñas figurillas en barro, cera y diversos materiales locales, a los que le pusieron toques regionales y se convirtieron en una forma de expresión propia, advierte José Hernández.

Los elementos centrales en un nacimiento son María, José, Jesús, la estrella de Belén, el pesebre, el buey y la mula, pero también se pueden colocar los pastores que van a ver la llegada del niÒo y los Reyes Magos, recuerda.

En Guadalajara hubo una tradición de montar enormes nacimientos, con una larga lista de escenas, que remontaban a la Anunciación de la Virgen y terminaba con el nacimiento de Jesús.

A finales del siglo 19 las familias abrían sus casas, sobre todo en los barrios tradicionales en la Sagrada Familia, Santa Tere, Mexicaltzingo, San Felipe y Analco, para que los peregrinos vieran estos impresionantes montajes de cientos de figurillas, pero se ha dejado un poco de lado por la inseguridad desde hace algunos años, califica Hernández.

“El nacimiento en Jalisco se montaba desde el 16 de diciembre, se levantaba al niño Jesús el 6 de enero y el montaje quedaba hasta el 2 de febrero con la Candelaria”, recuerda el experto en cultura popular.