Eugenio Guzmán
Agencia Reforma
Sigue teniendo la cara de niño, pero rebasa los 21 años.
Hace tiempo fue descubierto en YouTube por un productor que lo firmó y con esa firma nació una estrella mundial que ahora tarda sólo 22 minutos en vender todas las localidades en el Madison Square Garden.
Aquél niño hoy es un joven que le da por llenarse la piel de tatuajes y los pulmones con humo de mariguana.
A veces se peina como Elvis Presley, pero usa los pantalones a media pompi como dicta la usanza del hip-hop.
Es berrinchudo y mujeriego. Se sale de los conciertos y de las entrevistas cuando le place. Avienta huevos a la casa de sus vecinos o lo detienen manejando ebrio.
…Pero sus fans lo aman y han de estar ansiosas esperando su más reciente disco, Purpose, que verá la luz en las tiendas el próximo viernes.
Señoras y señores, Justin Bieber ha vuelto. Lo queramos o no, nos caiga bien o no, es ídolo de esta generación y viene dispuesto a seguir aumentando su fama y su billetera.
Y si los tres años que tardó en sacar nuevo disco no sirvieron para que creciera como persona, quizá sí haya madurado como cantante.
Sus polémicas
Justin vende una imagen de “chico rudo”, pero la verdad es que hay que tratarlo con pincitas. Es muy delicado.
La semana pasada el canadiense abandonó un concierto en Oslo, Noruega, tras haber cantado sólo una canción porque no soportó que sus seguidores estuvieran aventando agua al escenario.
Días antes, abandonó una entrevista al aire en Madrid mientras era invitado del programa Yu: No Te Pierdas Nada. Según esto, el cantante estaba muy agobiado y pidió ir al baño para escabullirse y salir de los foros sin decir adiós.
Este polémico comportamiento se suma a otros escándalos que ha protagonizado.
Por ejemplo, escupir a sus fans desde un balcón en Argentina, abandonar en Alemania a su mono capuchino llamado Mally -y que por suerte fue adoptado por el zoológico de Munich- o provocar a Orlando Bloom en Ibiza (recordemos que se rumora que Miranda Kerr le puso el cuerno al actor con Justin).
