GUATEMALA (AP) — Por lo menos 35 personas murieron, 15 resultaron heridas y decenas más están desaparecidas luego que un cerro se derrumbó sobre la carretera y dejó bajo tierra a jornaleros y comerciantes en la región norte del país.
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres dijo que además de los fallecidos hay unos 50 desaparecidos.
“Creemos que al momento del deslave había por lo menos 100 personas caminando por el lugar”, informó el lunes en una entrevista con la AP el alcalde Leopoldo Ical, de San Cristóbal Verapaz, una comunidad habitada por indígenas mayas y enclavada en las montañas a unos 150 kilómetros al oeste de la capital.
Las autoridades improvisaron una morgue en el cementerio del lugar. Allí, sobre el suelo, apilaron los cadáveres recuperados el lunes a fin de que puedan ser reconocidos por familiares.
Poco a poco, los familiares y vecinos de los que continuaban desaparecidos se asomaban a ver si entre los cuerpos estaba algún conocido.
Un sacerdote católico ofició una misa en memoria de los difuntos que yacían en el cementerio.
Ical dijo que se trataría de unos 80 jornaleros que iban a trabajar a fincas cafetaleras de la región y otros 20 comerciantes que volvían el domingo a sus casas tras vender y comprar productos el fin de semana en el mercado de San Cristóbal.
Entre los muertos había dos hermanos de la localidad. “Eran mis hijos, uno tenía 22 años, el otro 26… estoy muy triste por mis hijos”, dijo entre sollozos la Juana Alonso.
Carlos Alonso era empleado de una fábrica de materiales para construcción en un municipio vecino. El cuerpo de su hermano, Diego Elías, era resguardado por unos 15 soldados ya que prestaba servicio militar en un cuartel y “vino a pasar las navidades conmigo”, recordó la madre.
Su esposa e hija, quienes viajaban con él, resultaron heridas. La niña está en un centro asistencial de la localidad con heridas leves en tanto que la madre está gravemente herida en un hospital de la cuidad de Cobán, a unos 50 kilómetros.
Unas 165 personas, entre pobladores y rescatistas con perros amaestrados, trabajan en el lugar del deslave en busca de más desaparecidos pese a que aún caen piedras y tierra desde lo alto de la montaña que no deja de crujir.
