Dos noticias que publica su periódico esta semana hacen parte del momento histórico en que, por fin, parece encontrarse el tema de la inmigración en este país.
La primera aparece en nuestra cuarta página, la Corte Suprema de Justicia, abordará directamente la Ley que en el estado de Arizona permite exigir identificarse como inmigrantes legales a personas “sospechosas”.
Aunque no se espera que su fallo se dé hasta el próximo verano, puede anticiparse que será histórico, y que puede tener impacto directo en las elecciones presidenciales a final del 2012.
Mientras el gobierno del Presidente Obama ha notado que el tema de inmigración es federal y no puede ser legislado desde los estados, Arizona argumenta que el gobierno federal no ha hecho nada, y ellos deben actuar.
Pero para muchos el tema camina peligrosamente al lado del racismo y el señalamiento étnico.
Y la noticia de nuestra página novena da un perfecto ejemplo.
El Departamento de Justicia emitió este pasado jueves un reporte en el que señala varias violaciones a los derechos civiles de residentes en Arizona, llevadas a cabo por la oficina del Alguacil del Condado Maricopa.
El informe detalla lo que los investigadores describen como “políticas discriminatorias profundamente enraizadas en la cultura del departamento”.
Las acusaciones son múltiples y muy graves a los ojos de la nación, y de cualquiera con sentido común, porque no se basan en la presunción o certeza de un crimen, sino en la certeza de un origen étnico, el nuestro.
No deja de llamar la atención el hecho que las dos noticias se hayan dado en la misma semana, parece coincidencia, pero no faltarán quienes especulen que no lo es.
Porque el hecho es que el tema de la inmigración en Estados Unidos está por fin llegando a su punto de no retorno, en que la nación entera tiene que definirse, en que los políticos deberán dejar de “sacarle el cuerpo”, a la responsabilidad de tomar una posición.
La decisión de la corte sobre la ley de Arizona será histórica, y en época preelectoral, puede ser la chispa que falta, para que se entable una agenda clara, y ojala humanitaria, para el tema que tiene en el limbo 11 millones de inmigrantes que trabajan honestamente pero sin documentos, en esta nación.
