Un desafío para la clase media latina

Esther Cepeda

Columnista

Cuando la Oficina de Censos de Estados Unidos dio a conocer sus cálculos sobre el número de habitantes de la nación para 2010, los hispanos de todo el país se regocijaron por el poder de su número.

Los 50,5 millones de latinos se dieron cuenta del 56 por ciento del crecimiento de la nación –en su mayor parte debido a nacimientos, no a la inmigración– entre 2000 y 2010. En la actualidad, uno de cada seis estadounidenses adultos y casi uno de cada cuatro niños, es hispano. Los latinos, que son ahora el mayor grupo minoritario, están en vías a representar un tercio de la población de Estados Unidos en 2050.

Los latinos se hallan en una coyuntura fundamental: Podrían continuar padeciendo una pobreza multigeneracional, una falta general de poder político, sombrías tasas de graduación y pocas oportunidades profesionales, mientras se piensa de ellos erróneamente como de una población de oportunistas no-asimilados.

O podrían utilizar sus asombrosas estadísticas para tratar de ocupar su merecido lugar integrándose a la población general de Estados Unidos como la ola más reciente de individuos culturalmente similares, contribuyendo activamente con sus cualidades, valores y ética laboral a la grandeza de este país.

En otras palabras, en lugar de interpretar las cifras demográficas como una garantía automática de futuro poder político o respeto demográfico, la comunidad latina debería considerarlas como un llamado a la acción.

No será fácil –existe el desprecio y la discriminación en muchos frentes, para no mencionar la limitación de recursos federales y estatales para implementar políticas que ayuden a aumentar los logros de esta población en auge.

Los desafíos son muchos, pero la comunidad latina es joven, llena de energía y fundamentalmente consciente de que si se cambia la percepción que otros tienen de ella hoy en día, se logrará un impacto duradero y profundo en la nación entera. Ya hay algunos latinos que se esfuerzan por que se eliminen los arquetipos comunes –víctimas inmigrantes, miembros de pandillas, obreros que no hablan inglés– por otros papeles más pedestres como los de madres suburbanas, ejecutivos, electores, legisladores y mentores.

Sin embargo, para alcanzar masa crítica será necesario que todos los miembros de la floreciente clase media latina demuestren liderazgo y responsabilidad personal. Los organismos gubernamentales y las organizaciones sin fines de lucro ya se están esforzando por satisfacer las necesidades de los latinos de aprender inglés, obtener servicios legales y médicos, y transitar por el sistema educativo estadounidense desde el jardín de infantes hasta la universidad. Necesitan ayuda.

Independientemente de si hablan o no español, los hispanos están calificados para ayudar a los demás a perfeccionar su inglés, a hablar ante estudiantes de escuela secundaria sobre los placeres de una tradicional experiencia universitaria o a integrarse a las juntas de las escuelas, bibliotecas y organizaciones de artes locales. Pueden ir más allá y comprometerse en el proceso político o incluso simplemente explicar su valor a una comunidad que pocas veces ha utilizado este tipo de poder.

No voy a fingir que “devolver” a la comunidad no es trabajoso, desgarrador, a veces costoso y siempre difícil. Pero una vez que uno empieza, rápidamente queda claro en qué gran medida todas las comunidades con una población latina necesitan mentores para estudiantes, defensores de ancianos y, simplemente, individuos fuertes física y mentalmente.

¿Rápido, glamoroso y fácil? Absolutamente no, pero es una gran oportunidad. El éxito de los latinos en este país, y gran parte de la prosperidad de Estados Unidos, descansa directamente en sus propias manos.