Efraín Palomino Morales
La Raza del Noroeste
Mientras la Liga MX va agarrando poco a poco saborcito a menudo dominguero, gracias al buen paso del actual campeón y a lo respondones que andan saliendo los michoacanos de Monarcas Morelia, en la cantina La Cáscara de Seattle algunos nomás para puras tristezas servían.
“¡Nadie soñaba ni el día, ni cómo habría de acabar! ¡Don Benjamín Galindo “El Maistro”, villano de este corral, deshonra del pueblo tapatío y chivero profesional! ¡Hagan apuestas señores, que yo misma voy a desafiar, a Jorge el “Todas las puedo” Vergara y a su esposa muy en especial, que no respetan a nuestro Rebaño Sagrado ni a su largo historial! ¡Tu vida contra mi vida y no te me vas a rajar!”, cantaba la abuela Chucha, con tequila en mano y tremenda nostalgia y rencor en su mirar.
“Ya ni llorar es bueno, mi estimada cabecita de algodón –dijo don Pedro, sentándose a su lado y continuó- Mis Pumas andan igual o peor que sus Chivas y míreme: ando tan saleroso que si usted quiere, la invito a rechinar el catre y a consolarnos juntitos- concluyó el viejo, guiñándole un ojo a la doñita. “Bájele dos rayitas a su fiesta, viejo carcamán, que la semana pasada nomás me dejo alborotada y eso que hasta sus pastillitas azules le compré. Y si de consolar hablamos, nomás espere a que Jorge Vergara le dé por comprar al Barcelona y verá cómo brinco de gusto con su partida”, respondió Chuchita, dándole otro trago a su botella de tequila.
De pronto, el Chido One a la cantina llegó y como Pedro Infante, una canción a su Águilas les dedicó. “¡Cuando te hablen de amor y de ilusiones y te ofrezcan un gol y un campeón de goleo! ¡Si te acuerdas del Chucho, no lo menciones porque vas a sentir amor del bueno! ¡Y si quieren saber de su pasado, no es preciso decir una mentira, di que viene de allá, de un mundo raro, que sin él no paras de llorar, que no entiendes de futbol y que nunca has amado!”, cantó el chilango americanista en memoria de su gran ídolo, mientras que la abuela Chucha y don Pedro se contagiaron de sus males y se unieron al Chido One y juntos destaparon otra botella de tequila y brindaron por el futuro, y dejaron de chillar porque ya ni llorar es bueno.
Chanflazo, calcetinazo y desempance
El chanflazo es para el excelente arranque de temporada que tuvieron algunos de los jugadores mexicanos que militan en el viejo continente. De entrada, Carlos Vela, Giovani Dos Santos y Javier Aquino demostraron con la Real Sociedad y el Villareal respectivamente que la “armada mexicana” anda bien afilada. Y si de la parte baja hablamos (la defensa, mal pensados), las actuaciones de Héctor Moreno con el Espanyol de Barcelona y sobre todo la de Paco Memo con el Ajaccio, demuestran que el Chepo tendrá opciones para armar al Tri con vistas al partido eliminatorio contra Honduras en septiembre próximo.
El calcetinazo es para la churronovela titulada: el Tuca también llora. Después del show mágico-cómico-musical que se aventó Ricardo Ferreti en el partido ante Santos Laguna en el que se enredó en un pleito de lavadero con algunos “cabezas huecas” que lo insultaron y mojaron con líquidos de dudosa procedencia (los análisis de la playera del Tuca indican que era tepache, por el color pues). Más allá de la mala imagen que dejó el técnico de los Tigres al responder a las agresiones, este incidente deja ver que también hay parte de la afición que no está a la altura de un espectáculo que brindan profesionales que se ganan la vida, entre ellos los directores técnicos.
Y el desempance es para la nueva marea de mexicanos que se cruza el charco para intentar hacer la chica en otras ligas del mundo. Esta semana cobró fuerza el interés que tiene el Al-Gharafa del futbol de Qatar para llevarse a Marco Fabián, además se habla de que el Twente del futbol holandés irá por los servicios del volante de Monterrey Jesús Corona el “Tecatito”. De seguir concretándose fichajes de futbolistas mexicanos en el extranjero, el nivel de la Selección Mexicana podría regresar a viejas glorias y hacer que el Tri llegué con otro rostro al Mundial de Brasil 2014 y, de paso, cerrar unas cuantas bocas.
¡Nos chutamos la próxima!
