Efraín Palomino Morales
La Raza del Noroeste
La cáscara mexicana anda como agua para chocolate y es que mientras dos de los “grandes” de nuestro rancho le ponen el calorcito al asunto peleando la punta del torneo, los otros dos “grandes” están nomás pal retazo. Mientras tanto, la abuela Chucha aprovechaba la oportunidad y reabría su cocina Las Garnachas Cascareras.
¡Pásele, güerito, que aunque se parezca a Jorge Vergara en lo testarudo, aquí le servimos unos tacos de chicharrón bien picoso por si le va a las Chivas y sigue bien crudo! ¡Hágale caso a su antojo, señito, y échese un sabroso caldito de gallina con chile jalapeño, no vaya a ser que el chamaco le salga con cara de americanista defeño! ¡No lo piense mucho, marchante, y recuerde que barriga llena, cáscara contenta!”, gritaba la doñita a diestra y siniestra.
“Yo sí le agarro la palabra, mi estimada cabecita de algodón, écheme un caldo de gallina americanista con todo y guacal y es que así como andan mis Pumas hasta el tuétano del pollo necesitamos para ganarle al campeón”, dijo don Pedro, sentándose en una de las mesas. “Si lo que quiere es volver a la vida, mejor le sirvo unos chilaquiles harto picosos, al menos así le arderá hasta el alma cuando vea a las poderosas Águilas y le den ganas de ir al baño”, respondió la doñita soltando la carcajada. “Si de platos de segunda mesa hablamos, mejor sírvame unos tacos de birria, aunque con pura tortilla y sin carne, porque así como anda echada a perder la carne de chiva, capaz que también le agarro la palabra de ir al baño…”, dijo el viejo, guiñándole el ojo.
