Es cuestión de química

Jorge Rivera – Hablemos Futbol

Muchos creen que hay poca relación entre lo que puede suceder en el futbol europeo, la liga mexicana y el futbol de la MLS, que son niveles muy diferentes.

Pero el fútbol es el mismo, acontecimientos de esta semana en tres sitios diferentes del planeta tienen una clara conexión, que vale la pena analizar.

En España el FC Barcelona llega al final de su era de dominio que básicamente duró tres años y que en su punto máximo le dio tres títulos en la misma temporada.

En México, Santos fue capaz de remontar el 2-0 que parecía imposible contra Monterrey, solo para venirse abajo y permitir el gol que le dio el bicampeonato a Rayados.

En Seattle, Sounders, que marcó 5 goles en sus primeros dos juegos, ha anotado apenas uno en los últimos tres.

¿Qué tienen en común los tres “bajonazos”?

Muy simple, en los tres casos, y en periodos de tiempo diferentes se rompió la química. Me explico:

En Barcelona los muchos meses de mantenerse en el dominio casi absoluto del futbol mundial, lo que exige jugar dos veces por semana la mayor parte del tiempo, terminó por diezmar a uno de los mejores onces que hemos visto en la historia reciente del fútbol.

Lesiones de Iniesta, necesidad de entrar y sacar a Xavi, aparición forzada de nuevas caras como Fabregas y Sánchez, siendo jugadores excelentes, terminaron por minar el entendimiento del eje creativo del equipo: Xavi-Iniesta-Messi.

En México, la noche del miércoles, Benjamín Galindo tomó la desafortunada decisión de “componer lo que no estaba roto”, y luego de marcar el segundo gol contra Rayados decidió sacar a Ludueña e ingresar a Gómez, creador por extremo, inteligencia por velocidad, entendimiento por definición.

Sounders por su parte se ha venido abajo por lesiones de sus creativos y pasadores, que se puede especular ya incluyen al talentoso lateral sueco Johansson, pero principalmente son los suramericanos Rosales y Fernández.

Si se pierde le química se pierde la precisión que crea el espacio de finalización, de remate con espacio y con ángulo, y sin ese no se gana a menos que aparezca una jugada fortuita.

Se lee extraño, pero en la cancha se ve tan palpable que podría tocarse con la mano. JRP