Efrain Palomino Morales
Corresponsal de La Raza del Noroeste
El poblado San Angustias, ubicado a las afueras de Seattle, se preparaba para recibir la navidad con una posada a la mexicana. Doña Petra trajo romeritos tan enmolados como la conciencia del Vasco, bacalao salado como Rubén Romano y dulces típicos del Tri, es decir, de pura calabaza.
Don Pedro, que era Puma a morir, se puso con unos tamales de rajas para aquellos Tuzos que a la hora de disputar el Mundial de Clubes les faltó picor y un champurrado bien batidito para calentar a los tristes tapatíos que entumidos se quedaron sin Liguilla.
El dueño de la cantina “La Cáscara de Seattle” trajo una caja de botellas con sidra, y como al Cruz Azul en los últimos once años, todos le hicieron el feo apuntándose con el hijo del cantinero, quien al ser el fan número uno del Monterrey seguía con el maratón Rayados – Reyes e invitó a todos tequila para seguir brindando por su equipo campeón.
La encargada de los aguinaldos fue Doña Chanclas (la hermana de Doña Petra) y para sorpresa de los reunidos, en las bolsitas de celofán puso un calzón rojo para que el amor fleche al Chepo y los seleccionados y un calzón amarillo para que no le falte nunca dinero al Guille Franco y no regrese a México a pedir posada.
Al no encontrar una piñata de Chente Fox, o Felipillo Calderón, la compraron con la figura de Rafael Márquez. Cuando la colgaron todos comenzaron cantar: “¡Dale, dale, dale y no pierdas al Tri, porque si lo pierdes ya no habrá fiestas que hacer! ¡Ya le diste a Néstor, ya le diste a Decio, ya le diste a Justino y tu tiempo se acabó!”.
Todos degustaban chulo de la posada cascarera, sin embargo, lo más importante faltaba y es que el Chido One con el pavo nomás no llegaba. De repente apareció el chilango jocoso, en sus manos traía una gallina azada y es que por apostar a que sus águilas la final disputarían sin plata se quedó y para el pavo no le alcanzó.
Al darse cuenta que sin pechuga de pavo se quedarían y en su lugar unas alas a la Manolo Lapuente comerían, los vecinos sacaron de la fiesta al Chido One y en coro le cantaron: “¡Aquí no es mesón, sigue adelante, yo no puedo abrir no vaya a ser algún americanista tunante!”
¡Nos chutamos, mi Raza!
