Ni una lágrima por Freddie Ljungberg

Opinión – Jorge Rivera

La Raza del Noroeste

El Club de Seattle le dijo adiós, el Viernes pasado, a Freddie Ljungberg, uno de sus personajes mas notorios, y con más impacto de mercadeo, durante su fundación.

Se vá el sueco, de 33 años, jugador del mundial del 2002 y 2006; lo reemplaza un uruguayo (Alvaro Fernández), de 24 años, jugador del mundial del 2010.

Es el ciclo de la vida, y algo más.

Freddie Ljungberg, se ha ido; quien escribe, no se cuenta entre quienes llorarán su partida; he aquí mis razones.

Un jugador costoso: Ljungberg llegó a la liga con el título de Jugador Designado, que en la práctica quiere decir costosa estrella internacional, traida para atraer público.

Ganaba, según reportes oficiales del sindicato de jugadores, más de 4 veces lo que ganaba cualquier otro jugador.

¿Producía 4 veces más en la cancha? Por supuesto que no; ¿Atraía 4 veces más público? Quizás ayudó a llamar la atención al principio, pero no más.

Pasado de años: La carrera productiva de Ljungberg estaba en su final cuando llegó, venía de ser llamado la estafa más grande en la historia del West Ham United, luego de su breve paso por ese Club, a la salida del Arsenal, donde sí fue estrella.

La edad de Ljungberg raya con el concepto de un equipo joven, con jugadores como Hurtado, Alonso, Montaño, con, Montero, Zakuani, Fernández.

Enojón, y grosero: Sus gritos durante los entrenamientos, constantes discusiones en la cancha, y referencias indirectas, poco respetuosas a su entrenador, fueron parte constante de su paso por el noroeste.

Un estorbo táctico: Ljungberg y Montero, no desarrollaron nunca química en la cancha, el fútbol de velocidad con personalismo, no es fácil de integrar con el fútbol de toque de conjunto rápido y sorpresivo.

Desde este esquina no es fácil criticar a un equipo que uno respeta por su organización, pero no era fácil ver la contribución de Ljungberg por su precio, y era muy difícil ver su simpatía. JRP