El ídolo está en el banco

Opinión

Jorge Rivera P.

En futbol, como en la vida, siempre hay algo que se tiene y hay algo que falta, por eso no es atrevido decir que a México le falta algo, algo bien importante.

A México le falta creer en sus ídolos.

Es cierto, y es quizás como en la política, el pueblo de México ha sufrido tantas decepciones, que le cuesta creer, que le cuesta ilusionarse cuando las cosas van bien, cuando parece que van bien, y es difícil aceptar que pueden ir bien.

Es el caso del equipo nacional que representa al país en este mundial, y en particular, es el caso de su entrenador, del “Vasco” Javier Aguirre.

Donde quiera que usted lea, vea, escuche comentarios de expertos, sobre la selección mexicana, se encuentran controversia, dudas y desacuerdos sobre las acciones del entrenador. Es parte del fútbol.

Pero, en este momento en que comienza el mundial que hemos esperado por cuatro años, vale la pena dar un paso atrás, repasar la historia y recordar dónde estaba México hace dos años, cuando Hugo Sánchez había hundido el equipo, y a sí mismo, en la impopularidad; o hace quince meses, cuando un señor sueco trataba de entender el futbol mexicano a las carreras, para mantener su puesto de Director Técnico.

¿Qué tan lejos ha llegado el Tri desde entonces?

Muy lejos, bastante lejos.

México clasificó al mundial con relativa categoría, con relativa facilidad, lo que es un logro enorme si se acepta, que no solo estaba atrás en puntos, sino perdido en motivación, en táctica y en estrategia.

Poco a poco, y a fuerza de partiditos llenos de “marketing”, jugados en este país contra equipos flojos y con alineaciones pobres, el “Vasco” fue estudiando, conociendo, entendiendo sus recursos.

Luego llegó la Copa Oro, la misma que todos se adelantan a señalar que no importa para nada; …¿en serio?.

¿Quién creía que México iba a ganarla? ¿Quién daba por hecho que iba a destrozar al equipo de EU en la final y en su propio patio? Claro, EU era un equipo de suplentes, lo que sea, menos reconocer que quizás se cocinaba un ídolo para México.

Saltando a nuestros días, México llegó a Europa a enfrentar rivales enormes en juegos amistosos, recibió tres goles en el primero, dos en el segundo, uno en el tercero (olvidemos a Gambia), vino de menos a más; pasó de perder 3-1 con un eliminado en octavos del 2006 (Inglaterra), a ganarle 2-1 al campeón del mundo.

“Es que los italianos estaban cansados…”; lo que sea, con tal de no reconocer lo que se tiene.

México llega al mundial jugando un fútbol moderno y bonito, algo nada fácil de lograr; un fútbol que propone, que hereda quizás algo de la velocidad Europea que Aguirre ha aprendido en España, y lo mezcla con mucho de la picardía mexicana.

Aguirre ha combinado el talento y las ganas de los jóvenes, con el aplomo de los mayores, los movimientos tácticos de Carrillo, con los suyos propios y con su motivación.

Absurdo sería decir que este Tri es perfecto, sabemos que tiene fallas, que le duele el juego aéreo, no podemos pronosticar que ganará la Copa.

Pero es hora que México acepte, reconozca, y sobre todo que disfrute, que está en las mejores manos posibles para enfrentar este reto, en las de un hombre que enderezó la historia, y que podría seguir escribiéndola.

Es hora de que México acepte que tiene en su banco un tremendo entrenador de fútbol.

Suerte para Aguirre, y para todo México.

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