Luis Homero Echeverría / Agencia Reforma
RUSTENBURGO, Sudáfric .- Apenas, gracias a otros y no a lo hecho ante Uruguay, la Selección Mexicana se clasificó a Octavos en la Copa del Mundo y volvió el dejo de incertidumbre sobre lo que le espera, ahora ante Argentina.
México fue de lo sublime del triunfo ante Francia a lo inoperante de su comportamiento frente a Uruguay para perder 1-0.
Sólo 2 cambios en la oncena y todo se vino abajo. No fue el equipo seguro y preciso de los 2 anteriores partidos, ni siquiera educado con el balón en una primera mitad para el olvido.
Porque el poner a Cuauhtémoc Blanco de arranque, en aras de controlar más el medio campo, resultó contraproducente al perder la verticalidad, la dinámica de los juegos anteriores.
Esa la puso casi en solitario Andrés Guardado, al ser el jugador con mayor acarreo de balón, con atrevimiento para anexarse a la ofensiva y buscar el marco… su premio fue irse a la banca para el segundo tiempo.
México no encontró los caminos para atrapar a Uruguay y los que llegó a tener los abortó con las decisiones desde el banquillo.
La Celeste supo esperar al Tri, le cedió el espacio y lo vacunó en el momento exacto.
Con la movilidad de Diego Forlán como enganche, la distribución de Edison Cavani y la presencia de área de Luis Suárez, quien salió entre aplausos en la segunda parte, los charrúas abrieron a México, que exhibió fallas en su sector defensivo, en el recurrente intento ineficaz por salir con dominio del esférico, al engolosinarse con el toque lateral y en zonas innecesarias, y no pisar con fuerza en el último tercio.
Vino el gol de Suárez y con él las angustias. Al medio tiempo el Tri estaba a 2 goles de quedar eliminado del Mundial, uno que anotara Sudáfrica, que en ese momento vencía 2-0 a Francia, y uno más que recibieran los mexicanos.
Y antes de que los verdes despertaran, el “gracias” apareció para Florent Malouda, el francés que marcó en el otro juego y devolvió el respiro a una banca mexicana de extrañas decisiones en el partido.
Con los relevos de Pablo Barrera, Israel Castro y Javier Hernández, no existió mayor claridad que la que tenía en el primer tiempo, por más terreno que cedió un Uruguay seguro de su triunfo, con mayor empaque para controlar y ser fértil en las zonas adecuadas.
Empezaron los choques, las faltas constantes de ambos, más de parte de la desesperación mexicana. No hubo más, al contrario, el segundo tanto uruguayo fue más amenazante que el empate.
El Tri con angustias consiguió su pase a Octavos, perdió la ocasión de ser primero de grupo y con escasos 4 puntos, como en el Mundial anterior, no realiza una primera etapa convincente, con todo y el triunfo sobre una Francia que estaba muerta antes de empezar el torneo.
Argentina lo espera en Johannesburgo el día 27 en el Soccer City, otra vez con una estela de dudas por la falta de contundencia y ahora hasta carencia de aproximaciones, ante un equipo que llega con paso perfecto.
