Nuestro deporte, desde que existe y desde que se organizó como fenómeno de masas, ha sido impactado, infiltrado y abusado, por fuerzas políticas.
Es simple, los hambrientos del poder siempre han visto en esa mágica agrupación de miles de personas felices animando a sus equipos, la audiencia perfecta para forzar sus agendas políticas.
La historia del fútbol está llena de esos episodios, desde el crimen del Presidente del FC Barcelona, cuando el equipo catalán se había convertido en símbolo de la oposición catalana, a la causa unionista de Franco; hasta las maquinaciones del dictador serbio Milosevic, que utilizaba las “barras bravas” del Estrella Roja de Belgrado, casi como milicia contra sus opositores al genocidio de los bosnios.
Ni qué recordar las atrocidades que, se supo después, se cometieron durante el gobierno militar en Argentina, mientras el pueblo vibraba con la Copa Mundo en 1978.
Sería un relato muy largo, describir estos episodios y se trata de que hablemos de fútbol, no de política, o de historia.
Pero es verdad, ha ocurrido, ocurre cada rato, y el último episodio, el del ataque al bus de la selección de Togo en Angola (Clic para leer), nos trae la rabia de recordar que allí sigue, la malsana influencia de la política en el fútbol.
África es un continente con muchos paises inestables políticamente, eso lo sabemos, en cambio no tenemos idea con qué criterio escogen las sedes de los torneos en la Confederación Africana de Fútbol; pero la elección de Angola, un país con poca tradición de fútbol organizado, como sede de la Copa este año, es de por sí algo extraño,
Angola es uno de esos países inestables, en particular tiene una característica muy rara, un pedazo de su territorio no está pegado al país, geográficamente, sino que queda al norte de la República del Congo, antiguo Zaire.
Allí, en ese extraño “pedazo”, queda la ciudad de Cabinda, al parecer afectada permanentement por violencia separatista, y esa es la sede asignada al grupo donde jugará Togo, y donde se presentó el ataque al equipo de Adebayor.
¿Por qué forzar esa ciudad como sede, siendo quizás la más peligrosa del país?
Difícil creer que fúe por amor al fútbol, o a los aficionados; más fácil creer que algún político o general vió la oportunidad de dar “Pan y Circo” a los ciudadanos de esa remota región, para congraciar al gobierno angoleño con ellos.
Dá rabia, dá coraje, que le metan política al deporte que queremos tanto, y que precisamente une a la gente, pero basada en buenas intenciones, y en competencia sana.
Lea más sobre la participación de Togo en la Copa Africana (Clic).
*
