Efrain Palomino Morales
Corresponsal de La Raza del Noroeste
Las lágrimas que escurren sobre las mejillas de la afición cementera borran los vestigios de maquillaje azul que reflejaban la ilusión por alzar el título del Apertura 2009. La maldición sin campeonar suma doce años y el dolor por la abundante sequía sigue calando y muy hondo en el corazón del pueblo celeste.
Los abrazos y felicitaciones son para los regios, quienes, motivados por la memoria del Tano De Nigris que en paz descanse, son campeones por tercera vez en su historia (reconocimiento por separado merece su técnico Víctor Manuel Vucetich, quien ha ganado las cuatro finales que ha disputado y con equipos distintos); por su parte, Cruz Azul tiene que tragarse la saliva amarga de su tercer sub campeonato obtenido en las tres finales que ha disputado en los últimos cuatro torneos.
No es que sea un amargado pero ¿quién de los que lee esta columna se acuerda de la última vez que Cruz Azul fue campeón? Yo se las recuerdo (¡pero la memoria!, no se me prendan mis cuetes bicentenarios): transcurría aquel lejano 1997 cuando Carlos Hermosillo anotó de penal el gol con el que los capitalinos derrotaban a la fiera del León. De ese día a la fecha sólo existe decepción.
La repatriación del Ojitos Meza tenía como único objetivo exorcizar a la máquina de ese demonio que los tiene hundidos en la intrascendencia, sin embargo, el equipo sigue quedándose corto a la hora de definir títulos y sólo Dios sabrá hasta cuando levantarán la corona. De lo que sí pueden estar seguros todos aquellos que ven en los cementeros a sus héroes cáscareros es de que su equipo es un “grande” y que nada es para siempre, mucho menos las maldiciones.
Por lo pronto es época navideña y los cantos de alegría y fe son el pan de cada día, sin embargo, en el pueblo celeste lo más cercano a jolgorio se escucha más o menos así: “¡Tragos de amargo licor, que no me hacen olvidar! ¡Y me siento como un cementero y hasta me pongo a llorar!”
El chanflazo es para los poderosos Potros de Hierro del Atlante, quienes, a pesar de ser derrotados por su majestad Barcelona en el Mundial de Clubes, demostraron que a nuestra cáscara no se le mira desde tan arriba como se pensaba. Es verdad que el marcador fue un poco abultado, sin embargo, el temple y la personalidad azulgrana ahí quedan. Los atlantistas disputarán el tercer lugar de la justa ante el Pohang Steelers de Corea y lo más seguro es que, ahora que se ponen con uno de su tamaño, sí relinchen.
El calcetinazo es para la FIFA y es que, no conforme con ponernos en el partido inaugural del Mundial frente al anfitrión y de echarnos la “manita” poniéndonos en el mismo grupo a Francia, ahora nos baja dos escalones en su lista mensual. México terminó el año en el lugar diecisiete de esta lista, situación que no debería de afectarnos tanto en lo anímico pero, para como somos los mexicanos de “fijones”, pues no dudo que nuestros ratones verdes lleguen de rancherotes a la justa y tapándose la cabeza con el gabán.
El desempance es para nuestra cáscara mexicana, ya que ha sido una vitrina importante para los jugadores que quieren emigrar a Europa (sobre todo para los sudamericanos). Resulta que Salvador Cabañas y Humberto Suazo están en la mira del Atlético de Madrid para reforzar su delantera ante la posible salida del Kun Agüero al Chelsea. Lo que deberían de analizar los dueños de los clubes es cómo sacar jóvenes talentos mexicanos para que se brinquen el charco.
