Efrain Palomino Morales
Corresponsal de La Raza del Noroeste
¿Que fue muy sufrido el triunfo?, ni quien lo niegue. ¿Qué todavía no convencen ni a los de su familia?, también. ¿Qué hace diez años era impensable rogarle a Dios para que el arbitro pitara el final?, ni para qué discutir. México derrotó apuradamente a los Estados Unidos dos goles por uno y se metió de lleno a la pelea por un boleto al mundial de Sudáfrica 2010.
En los noventa minutos que duró el encuentro el Tri fue superior al equipo de las barras y las estrellas, sin embargo, les costó mucho trabajo concretar las continuas llegadas de gol que generaron, de hecho tuvieron que venir de atrás al verse abajo en el marcador con gol de Davis apenas al minuto nueve.
No obstante, por fin los verdes sacaron el coraje que tanto había brillado por su ausencia en la eliminatoria mundialista y, de la mano de Cuauhtémoc Blanco, la selección comenzó a recobrar la confianza. Fue entonces que Israel Castro detonó las gargantas de todos los mexicanos con un disparo impensable e implacable que se clavó en el ángulo de la portería contraria.
Esta vez la ni la magia de nuestro “coco” Landon Donovan fue suficiente para amedrentar a nuestros paisanos que, lejos de agacharse ante el talento del diez norteamericano, lo asfixió con una marca personal que terminó por borrarlo completamente del césped del Estadio Azteca.
Lo más rescatable de esta victoria son, además de los tres puntos, los distintos lapsos en los que el equipo mostró personalidad. Javier Aguirre puede dormir tranquilo al menos unas semanas y es que sus pupilos demostraron que aún se puede rescatar el barco que zarpó rumbo a Sudáfrica 2010.
Además del Cuau la mayoría de los jugadores pusieron talento, sudor y eso que nos hace hombres y no payasos. Es digno de reconocer a la afición y no sólo a la que abarrotó el coloso de Santa Ursula sino a todos los que se pusieron la verde con la fe de que nuestros ratones iban a cantarles el ¡strike two! a los gringos.
