Por ROB HARRIS,
Associated Press
LONDRES (AP) — Amanecía en Zurich cuando se advirtió a un hombre al que sacaban a la rastra por la puerta lateral de un hotel lujoso. El personal alzó una sábana blanca en un intento patético por impedir que se identificara al huésped, arrestado en su cuarto. Eduardo Li estaba muy a la vista en la calle lateral desierta cuando lo obligaron a subir a un auto policial sin placas, uno de siete altos funcionarios de la FIFA arrestados en el allanamiento del hotel Baur au Lac realizado por pedido de la justicia estadounidense.
Años de investigaciones sobre la corrupción en el fútbol irrumpieron a la luz pública el 27 de mayo, cuando el llamado “Mundial del Fraude” quedó expuesto y la FIFA se vio obligada a realizar una limpieza interna. Michel Platini, fue suspendido de cualquier cargo en el fútbol hasta 2023 junto con Joseph Blatter —a quien debía suceder en la presidencia— cuando sus actividades fueron objeto de investigación por la justicia penal suiza.
Después de 40 años en la FIFA, 17 de ellos en la presidencia, el reinado del aparentemente inamovible Blatter culminó en desgracia en 2015. Pocos lloraron su caída.
Blatter logró hacerse reelegir para un quinto periodo en la presidencia el 29 de mayo. Una de las imágenes más perdurables, sin embargo, en un año futbolístico marcado por las irregularidades fue la capacidad de este deporte para ofrecer una potente plataforma para la unidad, luego de convertirse en blanco de los extremistas islámicos en los ataques de París el mes pasado. Después de que el partido entre Francia y Alemania en el Stade de France fue blanco de suicidas armados con bombas.
Lo que más preocupa al fútbol en 2016 es garantizar la seguridad del público y jugadores, sobre todo, cuando Francia sea sede de la primera Eurocopa de 24 equipos en junio y julio.
Ese evento, junto con la Copa América Centenario en Estados Unidos, permitirá a las estrellas del fútbol demostrar por qué es el deporte preferido del mundo, más que una fuente de corrupción.
