Análisis

¿Qué puede dejar un juego amistoso, entre equipos relajados y llenos de suplentes?

La pregunta tiene sentido para reflexionar sobre lo visto en Qwest Field la noche del Miércoles, donde un estadio con 40 mil personas disfrutó y gritó a pesar de que, en cancha, el espectáculo no fuera de primera línea.

La respuesta fácil sería que sí, que en 90 minutos de fútbol con un estadio motivante, siempre quedan lecciones.

Mirando más allá, la respuesta es un sí más grande, sobre todo para algunos elementos del equipo.

Para Fredy Montero, que una vez más presentó su caso, el de ser el jugaodr de impacto en el equipo; sin importar las críticas a su falta de esfuerzo, la realidad es que el delantero es el hace que las cosas pasen.

Su remate letal vuelve a plantear el tema; ¿por qué no cobra Montero los tiros libres directos? ¿Por qué solo cuando no está Ljungberg?

El golazo en Dallas y el cañonazo de ayer que rebotó para el primer gol, son sólidos argumentos.

Otro beneficiado fue sin duda “El Samurai”, David Estrada, el muchacho de Michoacán, que había venido hundiéndose en las reservas del equipo, y ya no aparecía ni en planilla.

Estrada mostró calidad por derecha, habilidad y llegada; la combinación de él con Miguel Montaño por izquierda le abrió la cancha a los Sounders.

Interesante concepto, porque ellos buscaron pasar el balón a los delanteros, no llegar driblando solos, como usualmente lo hacen Zakuani y Niassi.

Una variante táctica que ojalá haya notado, o planeado, Sigi Schmid.

El equipo necesita alternativas porque se está hundiendo en la segunda mitad de la tabla; sin duda el “entrenamiento” dio pistas, esperemos que se apliquen cambios. JRP