Jorge Rivera
La Raza del Noroeste
Poder mirar dos partidos de Sounders FC en la misma semana, permite tener una perspectiva de contraste interesante, sobre el cómo se juega el futbol donde vivimos ahora.
El sábado Sounders enfrentó uno de los mejores equipos del mundo, que a pesar de apenas regresar de vacaciones, se mostró como tal, como una potencia.
Y la diferencia en el nivel de juego con Sounders estuvo marcada, no por el “talento” como lo llaman; los de casa no fueron driblados o pasados de manera vergonzosa; tampoco fueron humillados por lentos, ni tropezaron con el balón.
No, la diferencia la marcó Chelsea por su “precisión”, y su armonía táctica.
Precisión es una palabra clave en este análisis; nosotros estamos acostumbrados a ver a James Riley lanzar más de diez centros por partido, uno o dos realmente encuentran destino, y se vé bien.
Su contraparte en Chelsea, el portugués José Bosignwa, encontró la cabeza, o el pecho de los azules casi cada vez que lanzó; pocas veces fue “a la olla”, casi siempre tenía un destino preciso, y llegaba a él.
Con toda la antipatía que produce, esa es también la virtud de David Beckham, que lo diferencia dentro de la MLS.
Lo mismo sucede con los pases por el medio; aquí vemos a Brad Evans hacer esos pases en todos los juegos de Sounders, pero casi nunca llegan exactos a los pies de los delanteros. La precisión en los dos “pase goles” de Chelsea, fue enorme.
El martes, en contraste, fue un juego “Puro MLS”, batallado, sudado, con chispazos de buen futbol, pero en cancha saltarina, donde es dificil driblar bien.
Sin embargo Zakuani, Le Toux, y Montero por momentos, mostraron el drible, el toque, la calidad que hace de Sounders uno de los mejores en la liga.
Y la emoción en ese estadio, la “magia” de esa noche, dejaron claro por qué el fútbol de Sounders vale la pena.
Acá el futbol también trae pasión y entrega; también trae fiesta; aunque no sea de calidad europea, es emocionante, y vale la pena verlo en vivo. JRP
