JENNY BARCHFIELD y ADRIANA GOMEZ LICON
Associated Press
RIO DE JANEIRO (AP) — Catastrófico. Doloroso. Una humillación histórica
Esos fueron sólo algunos de los apocalípticos titulares que los periódicos brasileños utilizaron en internet para describir impresionante paliza 7-1 de la selección nacional de fútbol de Alemania en el partido de semifinales de la Copa del Mundo el martes.
Las lágrimas embadurnaban los rostros pintados de amarillo y verde de los muchos niños que vieron el partido. El entrenador brasileño Felipe Scolari enterró su cara entre las manos. Los aficionados de todo el país gemían de angustia.
En las horas posteriores a la paliza vista por cientos de millones de televidentes en todo el mundo, los brasileños tuvieron problemas para asimilar lo impensable: Brasil sufrió la peor derrota en la Copa Mundial de la historia, y sucedió en su propia casa, siendo la nación sede del torneo por primera vez en 64 años. Se hicieron añicos los sueños de un sexto campeonato.
“!No podía creer lo que estaba viendo! Era como si el juego fuese una constante repetición”, dijo Valeria Mazure, profesora jubilada de 67 años de Río, ataviada con una túnica verde, una bufanda amarilla y bebiendo una cerveza. “Me siento decepcionada, triste, pero más que nada me siento avergonzada. Resultó muy embarazoso”.
En Belo Horizonte, donde se jugó el partido, abandonaron el campo a la mitad del encuentro cuando Alemania ya lideraba con un adormecedor 5-0. Algunos rasgaron sus entradas y comentaron su decepción ante las cámaras de televisión. –pulgares hacía abajo– “Cinco a cero es tan vergonzoso, que no vamos a permanecer por más tiempo”, dijo Ribeiro
