ERIC NÚÑEZ,
Associated Press
SAO PAULO (AP) — Para el brasileño, la manera habitual de referirse a la Copa Mundial es mediante la numeración. Hablan del tetra, del penta.
La Copa de 2014, la primera en la que son los anfitriones en 64 años, tiene como último objetivo alcanzar el hexacampeonato, una asignatura pendiente desde aquella noche en Yokohama en la que Ronaldo y compañía, bajo la tutela del técnico Luiz Felipe Scolari, conquistaron el quinto título tras vencer a Alemania.
Recibir el Mundial nuevamente debería ser objeto de efervescencia en este país, pero sensaciones de pura indiferencia y hasta desprecio han marcado la antesala al partido inaugural, en el que la ‘verdeamarela’ enfrentará el jueves a Croacia.
Después de crónicos atrasos y protestas, el balón Brazuca finalmente rodará en el Itaquerao, un estadio que se ha convertido en el símbolo del borrascoso periodo de siete años que tuvieron los organizadores para tenerlo todo listo.
Según sondeos de opinión, hasta seis de cada 10 brasileños son del criterio que el Mundial no fue una idea brillante.
Muchos creen que la inversión de 11.500 millones de dólares debió destinarse a la infraestructura de educación y salud, y no a construir estadios en ciudades como Manaos y Brasilia que se exponen a convertirse en elefantes blancos.
