La historia, en el partido Sounders vs. Colorado, fue la primera visita a la ciudad del agresor de Steve Zakuani, Brian Mullan, por primera vez desde que el incidente ocurrió.
Los medios en inglés estuvieron divididos sobre el tema, algunos románticamente pedían a la afición que aplaudiera a Mullan en señal de perdón, de mostrar la otra mejilla.
Otros no eran tan amables, y escribieron cosas como “sí, claro, vaya y dígale eso a la pierna de Sakuani”.
Durante los 90 minutos el público de Seattle abucheó a Mullan cada vez que tocó el balón, sin odio, porque en Seattle la gente en general es amable, pero sin duda con desaprobación.
¿Debe ser perdonado quien casi le acaba la carrera a un prometedor delantero?
Quien escribe cree que no, que no en nuestro deporte, que no en el juego que más se practica en el mundo, y que tantas veces es jugado como símbolo de paz entre naciones, razas y culturas.
Es entendible que existan deportes violentos, que aprovechen la necesidad de ese desahogo para montar formas de entretenimiento donde esta es una componente.
En nuestra cultura seguimos desde chicos el Box, el más claro representante de esa escuela de deportes violentos.
En este país está por supuesto el Football americano, donde la estrategia deportiva existe y es mucha, pero se construye alrededor de agresiones brutales pero válidas.
También está el Hockey donde las peleas en el hielo son permitidas por los árbitros por tradición y porque hace el deporte mas “mercadeable”. La violencia vende sin duda.
Que quede claro, el verdadero aficionado al fútbol no disfruta la violencia, disfruta la destreza con el balón, la precisión, el toque el disparo, la magia, y por supuesto el gol.
Un jugador que enfurecido por una falta que no se marcó en su contra corre a vengarse y levanta de una patada al primer rival que encuentra con la bola, es un asesino del fútbol; es alguien que lo aprendió mal y que nunca lo entendió, porque el futbol no es eso.
De entender que exista gente como Mullan a aceptar lo que hacen y aplaudirlo, hay un trecho demasiado largo. JRP
