Luis Homero Echeverría
Agencia Reforma
SAO PAULO, Brasil 1-Jul .- A dos minutos se quedó Suiza de forzar los penales, pero murió con la cara al sol, como se debe hacer en un Mundial.
Al minuto 118, a casi nada de ir a la tanda de penales, Ángel Di María firmó el gol más sufrido para Argentina en el torneo, más que aquel de Lionel Messi ante Irán, el 1-0 que dio el pase a los Cuartos de Final cuando parecía caer en la angustia.
Tras pasar casi como un fantasma en todo el juego, un arranque de Messi por fin fructificó en un balón filtrado hacia Di María, quien aprovechó ya el cansancio de Ricardo Rodríguez, su marcador de toda la tarde, y puso el único gol del encuentro.
La Albiceleste espera rival del Bélgica-Estados Unidos, duelo que completa los Octavos de Final.
Y aún así se partió el alma Suiza en los instantes finales. Tuvo un par de jugadas que rayaron el empate, pero al final murió como un grande ante otro que se olvidó de serlo en mucho tiempo del partido, pero que al final está dentro de los mejores ocho.
Fue Argentina la que inició el encuentro como un remolino. Lanzó unidades al ataque en búsqueda del gol rápido que diera la comodidad tempranera.
Procuró por izquierda con Di María, ante un Messi que poco a poco fue atrapado por un mar de piernas suizo que no le dejó acariciar al menos el balón.
Sólo destellos tuvo el conjunto albiceleste en la primera mitad, con todo y el nerviosismo que mostró Suiza al sacar el agua del pozo como se pudiera, ya fuera de forma limpia o desordenada.
Y fueron los helvéticos quienes tuvieron la posibilidad de abrir la cuenta con todo y sus llegadas precipitadas. En un disparo por el centro de Admir Mehmedi, se quedaron muy cerca, ya que el arquero argentino, Sergio Romero, apenas sacó con el pie el mensaje de gol.
Y ya cerca del 40′, el atacante suizo Josip Drmic tuvo en sus pies una ocasión de oro para fulminar a los sudamericanos. Escapó por izquierda pero al verse sólo frente a Romero le intentó bombear el balón ante del disparo cruzado y bastó una estirada del guardameta del Mónaco para apagar el fuego.
Messi dio más tumbos que aciertos en la primera mitad, con una marca encimosa de Johan Djourou que resolvió las que tuvo e incluso se dio el lujo de dar salida y llegar al medio campo. La única ocasión interesante, un tiro de Ezequiel Lavezzi demasiado débil para sorprender a Diego Benaglio.
En el segundo tiempo, por fin aparecieron las jugadas fuertes del lado argentino. Primero el lateral izquierdo, Marcos Rojo se fugó por su costado y en un servicio cruzado obligó al rechazo de Benaglio.
El portero suizo se lució más tarde con un puñetazo al remate con la testa de Lavezzi que iba directo a la red.
Messi también despertó un tanto. Acarreó un par de balones, pero careció del acompañamiento para reflejarlo sobre la meta europea.
Suiza defendió como un perro, mordió el campo y aguantó a los tiempos extra. De haber contado con mejores delanteros, aunque fueran de medio pelo, tal vez hasta habría resuelto el partido a su favor en el tiempo regular.
Suiza se creció con el apoyo de la gente brasileña en el primer tiempo extra, le tocaron a la albiceleste el balón y los “oooles” cubrieron el estadio.
Cuando se venían los penales, Messi apareció, sirvió a Di María y acabó el juego en medio del drama.
