Si usted ha vivido en Seattle por los últimos cuatro años, es posible que vea las actuaciones de Sounders en “Open Cup” como normales.
Nos acostumbramos a las victorias sobre equipos mixtos en el pequeño estadio, y a un momento de gloria frente a la audiencia nacional, levantar un trofeo, clasificar al torneo internacional.
Son tres copas seguidas y un subcampeonato en cuatro ediciones.
Los mismos cuatro años que el equipo ha estado en la liga, eso es lo que es increíble, pocos o quizás ningún equipo en el mundo ha llegado a finales de un torneo en todos sus años de existencia.
Aún si esta no es la mejor liga del mundo, aún si no es el torneo principal, el mérito del equipo de Schmid es enorme, han logrado lo que todos en el futbol de este país quisieran.
El partido de este año se perdió bien perdido, o sea jugando mal, y se puede mencionar el regreso después del gol de ellos, la aparente injusticia de Salazar, que le dio comida de casa al local, y la liga, negando un penal detenido como lo hacen muchos sin ser sancionados.
Pero no se puede negar que el Sounders del miércoles no fue el mismo que sacudió al United en la capital del país hace cuatro años, que doblegó a Columbus en el 2010 y blanqueó a Chicago el año pasado.
Este fue un Sounders perezoso, sin dominio en media cancha, sin empuje adelante, sin Montero, aunque jugó más de 90 minutos.
Pero la derrota de hoy o lo aburrido de la presentación de hoy no quita el hecho que esta franquicia, todavía gateando por la historia del futbol en nuestro continente, ha tocado el cielo, ha logrado lo que pocos, y se sigue perfilando, a veces más fuera que dentro de la cancha, como un Club de respeto a nivel mundial.
JRP
