El orgullo de cancún

El Atlante saltó a la cancha vestido de azul marino, una playera que recuerda su nueva ciudad frente al Caribe, a la usanza de su colega en el Mar Mediterráneo, el Olimpique, de Marsella.

Y como el Olimpique en la Champions, se quedó por fuera de la Copa, pero dio pelea.

El mundo del fútbol ha progresado, se está convirtiendo en un espectáculo global, donde todos pueden enfrentar a todos; es bueno para el espectáculo.

Quienes desecharon al A-tlante, porque “No representa lo mejor del fútbol mexicano”, o porque “Ni siquiera llegó a la liguilla en este torneo” tendrán que aceptar que los potros jugaron al tú por tú, tuvieron varias opciones cuando pudieron manejar el balón, hicieron un gol y crearon peligro.

Enfrentaron al mejor del mundo y a todas sus estrellas; es cierto, el Barza los dominó, pero también dominó este año al Manchester, al Real Madrid, al Inter de Milán, entre otros.

Debe quedar en la memoria la picardía del gol de Rojas, las atajadas increíbles de Vilar, la organización de la defensa y la batalla valiente del chiquitín Navarro, que varias veces, con piernas fuertes le sacó el balón al gigantón Ibrahimovic.

Porque, cuando regresen a Cancún, los Potros deben estar orgullosos de haber mostrado la estampa, el toque, la picardía del fútbol mexicano.

Y dejarán pensando a muchos en qué habría pasado, si la llave semifinal no los hubiera enfrentado al mejor equipo del mundo, sino al confuso Estudiantes argentino.

JRP