LONDRES (AP) — La selección de las sedes de la Copa Mundial de 2018 y 2022 se ha convertido en un circo.
Existen acusaciones de que algunos dirigentes de la FIFA ofrecieron vender sus votos, así como críticas entre distintos candidatos y un supuesto acuerdo secreto entre algunos aspirantes para intercambiar sus votos.
La FIFA está bajo la lupa, y están en juego miles de millones de dólares así como la reputación de sus dirigentes.
Once países pujan por el derecho de organizar alguna de las dos próximas ediciones del Mundial y 24 funcionarios de la FIFA deben decidir los ganadores el 2 de diciembre, en Zurich.
En la FIFA, parece que los votos siguen siendo moneda de cambio. Y el asunto estará probablemente en la agenda el jueves y viernes, cuando el comité ejecutivo se reúna en Zurich.
Inglaterra, Rusia, Bélgica-Holanda y España-Portugal están en la puja para organizar el Mundial de 2018, mientras que Estados Unidos, Australia, Japón, Corea del Sur y Qatar buscan ser anfitriones del torneo en el 2022.
A comienzos de este mes, el diario londinense Sunday Times divulgó el contenido de entrevistas con dos dirigentes de la FIFA, Amos Adamu, de Nigeria, y Reynald Temarii, de Tahití, quienes aparentemente ofrecían sus votos a la venta.
El comité de ética suspendió provisionalmente a ambos hasta el 17 de noviembre, lo que significa que podrían votar todavía el 2 de diciembre.
Otros medios señalaron que el ex secretario general de la FIFA, Michel Zen-Ruffinen, dijo que España-Portugal y Qatar, habían llegado a un acuerdo que daría a cada uno siete votos de parte del comité ejecutivo del organismo.
“Todo esto se encuentra cubierto de conflictos de interés”, dijo el periodista canadiense Dedan Hill. “Blatter depende de las personas a quienes debería vigilar, lo que le impide sanear esto”.
También las críticas inapropiadas han sido parte de la votación. La semana pasada, el líder de la candidatura rusa criticó la campaña de Inglaterra para organizar el Mundial del 2018
Señal[o que Londres tenía altos índices delictivos y un grave problema de alcoholismo entre los jóvenes.
Inglaterra exigió una disculpa formal pero Sorokin se negó a darla, diciendo que había sido tergiversado.
