@Byline:RICARDO ZÚÑIGA
Associated Press
SALVADOR, Brasil (AP) — Lo primero que ve el viajero cuando sale de la terminal del aeropuerto de Salvador es un letrero en inglés y portugués con la siguiente leyenda: “Disculpen el desorden. Estamos construyendo un AEROPUERTO NUEVO”.
Más que un aeropuerto, Brasil construye un país nuevo para el Mundial del próximo año. Y, al menos en varias sedes de esta Copa Confederaciones, todavía hay mucho desorden.
Protestas masivas en Sao Paulo, Río de Janeiro y Brasilia por aumentos en los costos de vida y los gastos para el Mundial; embotellamientos masivos en Recife y Salvador, así como una infraestructura de transportación y hotelera urgidas de mejoras son algunas de las grietas que afloran en esta Confederaciones, tradicionalmente utilizada por el país anfitrión y la FIFA como laboratorio de pruebas de la Copa del Mundo.
“Sabemos que se hace la Copa Confederaciones también para ver las cosas que faltan y lo que los organizadores están haciendo”, matizó Diego Forlán, delantero de la selección uruguaya que fue despertada el martes a las siete de la mañana por una huelga de trabajadores del hotel donde se hospedan en una playa de Salvador. “A veces a la organización le cuesta organizar algo de esta magnitud”.
“Lo importante de esta Copa Confederaciones es que ellos vayan viendo lo que tienen que cambiar y mejorar”.
La buena noticia para Brasil es que todavía falta casi un año para el Mundial. La mala noticia es que son apenas 359 días.
El secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, reconoció después del partido inaugural el sábado en Brasilia que hay cosas por “mejorar”, pero consideró que “en general, fue un éxito”.
“Fue el inicio del torneo por el que hemos trabajado los seis últimos años”, expresó Valcke. “Está funcionando. Sin duda siempre se pueden mejorar cosas, pero eso es parte de lo que haremos justo después de la competencia”.
Cientos de manifestantes protestaron a las afueras del Estadio Nacional Mané Garrincha antes del triunfo de Brasil 3-0 sobre Japón, por los gastos en preparativos para el Mundial, de varios miles de millones de dólares. También hubo protestas en Belo Horizonte el lunes previo al encuentro entre Nigeria y Tahití.
La presidenta brasileña Dilma Rousseff y el líder de la FIFA, Joseph Blatter, recibieron sonoros abucheos al ser presentados antes del encuentro en Brasilia, lo que provocó que el mandamás del fútbol mundial se saliera del protocolo en su mensaje al público para pedir “respeto” y “juego limpio” de los “amigos del fútbol brasileño”.
