Para variar, Messi no estuvo tan solo

ERIC NÚÑEZ,

Associated Press

SAO PAULO (AP) — Una vez que el disparo de Maxi Rodríguez sacudió el travesaño y luego infló la red, Lionel Messi salió disparado desde el círculo central con su mirada irradiando todo el fulgor que generaba el momento: su Argentina estaba en su primera final de una Copa del Mundo desde 1990.

En una noche en la que su mejor versión y protagonismo estuvieron atados por la severa marcación de los defensores de Holanda, el resto del reparto de jugadores de la selección de Argentina apareció en un partido de semifinales que debió definirse por la vía de los penales tras un 0-0 imposible de desnivelar durante 120 minutos. El remate de Maxi certificó el triunfo 4-2 en la tanda desde los 12 pasos.

Con las dos atajadas de Sergio Romero en los penales, la solvencia de Javier Mascherano, Lucas Biglia y Enzo Pérez en el mediocampo, la sobriedad de Marcos Rojo para anular a Arjen Robben y la firmeza de sus centrales Martín Demichelis y Ezequiel Garay, Argentina redondeó su mejor actuación colectiva del certamen, sobresaliendo su laboriosidad sobre lo técnico.

Messi completó su partido número 92 con la selección y superó los 91 de Diego Maradona. Es un dato simbólico para el delantero de 27 años, que en este Mundial busca apartarse definitivamente de la sombra de su compatriota con el que es comparado sin cesar.

Esta vez, envuelto por la telaraña defensiva que le preparó el técnico holandés Louis van Gaal, Messi no fue el solista salvador que con sus goles y pases había cargado a Argentina en los cinco partidos anteriores.

No gravitó, pero tampoco puede quejarse: no fue el único responsable de aportar en la cancha dentro del equipo argentino y ahora está a un partido de borrar cualquier duda sobre su puesto en el Olimpo del fútbol.

Atascado en los cuartos de final en sus dos mundiales previos, Messi enfila el domingo al estadio Maracaná de Río de Janeiro para enfrentar a una Alemania que mete miedo tras la goleada 7-1 que le endosó a Brasil en la otra semifinal.

A lo largo del trámite en el estadio Itaquerao, Messi apenas tuvo unas cuantas ráfagas de su calidad. Nigel de Jong, Ron Vlaar y hasta Wesley Sneijder se repartieron la tarea de asfixiarle, a menudo con las espaldas ante el arco y sin encontrar los espacios para darle rienda suelta al vértigo de su gambeta.