Efrain Palomino Morales
Corresponsal de La Raza del Noroeste
Después de varias semanas en que no se le pararon ni las moscas porque toda su clientela se la pasaba en la cantina La Cáscara de Seattle, Doña Petra aprovechó que el cantinero se fue de vacaciones y abrió nuevamente su cocina Las Garnachas Pamboleras. “¡Pásele güerito, que aquí lo que no le hace daño lo hace más fuerte!”, gritaba la señora.
“¿Tendrá algo para un tapatío con cruda bicentenaria?”, preguntó un camarada de corazón Chiva. “Tengo tortas ahogadas, las preparo con carnitas de venado y las baño en salsa a la Jorge Vergara, ósea: con chile del que no pica”, respondió la doñita. “¿Y vende Paella?”, volvió a preguntar. “No marchante, esa pídasela a Efraín Flores por correspondencia, ya ve que dejó al Rebaño disque para irse a España a estudiar, me imagino que cocina porque en las Chivas y en el Tri hasta el agua se le quemaba”, respondió. El desmejorado tapatío se decidió, paradójicamente, por una birria disque para no olvidar la cruz de su parroquia.
De repente, llegó Don Pedro quien era Puma a más no poder. “Prepáreme algo que me levante el ánimo”, pidió con acento muy bragado. “Para levantar el ánimo de alguien de su edad están los mariscos, acompañados de una sopa a la viagra”, le respondió Doña Petra guiñándole un ojo. “¿Tendrá conejo fresco?”, preguntó el cincuentón universitario. “Tengo liebre madura a la Paco Palencia, va acompañada de nada, ya ve que los Pumas nomás venden pero no compran ni retazo para reforzarse”, contestó mientras le servía una botana a la Leandro Augusto, la cual contenía puro “chito” enchilado (carne de mula vieja que se le da de comer a los tigres u otras fieras).
Cuando Doña Petra estaba por cerrar, entró su nieto el Chido One, quien era americanista hasta el tuétano. “¡Sírvame algo que me haga sudar!”, gritó el chamaco. “Sólo queda caldo de gallina y lo preparó tu prima, la que regresaron de Europa vestida y alborotada”, le respondió. “Que me lo sirva ella misma, nomás por eso de que a la prima se le arrima”, ordenó el muy engreído. Una muchacha de cabello chino se acercó con el caldo de gallina y se lo sirvió, mientras miraba al Chido One. “Soy tu prima, la Paquita Ochoa, ¿sabías que soy muy buena debajo de los tubos?”, le preguntó. “¿Eres portera?”, quiso saber el nervioso chilango. “No, yo hablo de otra clase de tubos…”, le susurró al oído, mientras el Chido One, como lo había pedido, sudó hasta los calzones amarillos que traía puestos.
El chanflazo es para un Chicharito que nada tiene de verde y sí de jugador maduro. Resulta que su fama y el éxito prematuro que ha tenido desde que pisó suelo europeo ya hizo eco en nuestro país y es que el gobierno de Guadalajara reconoció a Javier Hernández con la medalla al mérito deportivo de la ciudad, por todo lo que ha hecho en 2010: goleador en México con las Chivas, en el Mundial 2010 con el Tri y creciente figura del Manchester. ¡Este chícharo sí que le da sabor al caldo pambolero mexicano!
El calcetinazo es para unos Tuzos que nomás les da el airecito fuera de casa y, como a mi tía la quedada, luego luego se mosquean. Pachuca disputó el Mundial de Clubes y, como en sus dos participaciones anteriores, fue un fraude. Es verdad que los hidalguenses son de los equipos más ganadores en la última década en nuestro rancho, sin embargo, cuando les toca echarse un palomazo a nivel mundial siempre se les atora el gallo.
El desempance es para el ídolo de muchos y la mosca en la sopa de otros, y conste que no me refiero al Cuau ni a Felipillo Calderón, ¡no!, yo hablo de Hugo Sánchez, quien se sigue codeando con la más alta esfera europea. Hay tienen que el Pentapichichi fue el técnico del equipo “Ronaldo, Zidane y amigos” que enfrentó en partido amistoso al Olympiakos de Grecia para recabar fondos y combatir la pobreza mundial. Hugol sigue sin chamba pero de lo valoran más en Europa que en su tierra .
