Luis Suárez regresa a las canchas tras suspensión

Por ALEX OLLER,

Associated Press

BARCELONA, España (AP) — Pocos recordarán la cirugía de una rodilla tres semanas antes de la Copa del Mundo, o los dos goles que marcó en la emotiva victoria por 2-1 sobre Inglaterra en su primer partido en el torneo.

La última y más memorable imagen de Luis Suárez en Brasil es la del goleador, tirado en el piso agarrándose los dientes, instantes después de morder en el hombro a Giorgio Chiellini en el último encuentro de la fase de grupos contra Italia.

Esa jugada le supuso una sanción de cuatro meses, la cuarta suspensión en la carrera del uruguayo por un problema disciplinario en las canchas.

Esa secuencia en cuestión de un mes —la operación de meniscos, la recuperación apurada, el debut goleador y el mordisco y castigo— viene a compactar el tarro de las esencias de Suárez, un futbolista de raza, talentoso y único, con genio, héroe y a la vez villano, comprometido, artífice de un gran logro de equipo que las propias reglas del juego le impidieron disfrutar en su hábitat natural: el verde del rectángulo de juego.

Allí espera regresar el sábado con el Barcelona, su nuevo club, para disputar otro partido de alto copete: el clásico de España contra el Real Madrid, una vez superada la sanción de la FIFA.

El Barsa pagó unos 130 millones de dólares a Liverpool por Suárez, ganador de la Bota de Oro al máximo goleador de Europa la pasada temporada (empatado con Cristiano Ronaldo) con 31 goles en todas las competencias, y quien marcó 82 dianas en 133 partidos en sus tres temporadas en Anfield.

Pero, para perjuicio de su imagen y lamento de quienes le rodean, el espíritu guerrero del oriundo de Salto, de 27 años, ha traspasado los límites de lo deportivo en varias ocasiones. El primer incidente grave remonta a 2010 cuando mordió al mediocampista Otman Bakkal, del PSV Eindhoven, y la liga holandesa le aplicó siete partidos de castigo.

Del currículum de Suárez no pueden borrarse las numerosas sanciones, que incluyen una de ocho encuentros por insultos racistas a Patrice Evra en 2011, durante su segunda temporada con Liverpool; otra de 10 encuentros por morder al jugador de Chelsea Branislav Ivanovic en 2013; y mucho menos la última por morder a Chiellini en el pasado Mundial.

“Sentí que había arruinado mi carrera y temí que el Barsa se echara atrás”, reveló el domingo en declaraciones a la televisión catalana el uruguayo, quien reconoció en su presentación en Barcelona haber recurrido a ayuda psicológica para evitar acciones semejantes en el futuro.

La del Mundial era la tercera vez que se ganaba el apodo de “El Caníbal”. Pero aparte del perjuicio profesional, a Suárez le dolieron especialmente los daños a nivel personal.

Avergonzado por no haber cumplido la promesa de erradicar su violento comportamiento, se apoyó nuevamente en su círculo íntimo y en especial su esposa Sofía, asentada desde hace años en Cataluña.

Hombre tranquilo y familiar lejos de la cancha, acostumbra a besar su muñeca derecha a cada gol, y con ello el nombre de sus dos hijos, tatuado en la piel.

“Lo de Chielini estuvo muy mal para su carrera porque siempre se le recordaran estas cosas. Como jugador y persona es muy bueno y un tipo muy normal”, explicó el lunes el entrenador del Ajax Frank De Boer,